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Cómo recuperar la microbiota intestinal alterada de forma natural

9 julio, 2021
4 semanas ago

El desarrollo de una microbiota intestinal propiamente dicha comienza en el parto, y, a lo largo de la vida, la adquisición de la microbiota se ve influida por numerosos factores, como el tipo de alimentación del recién nacido (lactancia materna o fórmulas infantiles), la composición de nuestra dieta en diferentes etapas de nuestra vida, la exposición a antibióticos, la presencia de mascotas o el ambiente rural o urbano1,2.

En el adulto, el 90% de las bacterias intestinales pertenecen a dos filos, Bacteroidetes y Firmicutes, y el 10% restante está compuesto por Proteobacterias, Actinobacterias, Fusobacterias, Verrucomicrobia y algunas especies del dominio Arquea.  Además de las bacterias, la microbiota intestinal humana incluye también levaduras, fagos y protistas1.

La microbiota es dinámica, de modo que, además de los factores externos que pueden alterarla, con el envejecimiento se inicia una pérdida de diversidad microbiana y cambios en los niveles de algunos microorganismos, que se correlacionan con una disfunción inmunitaria asociada con el incremento del estado inflamatorio y un declive de la capacidad de generar respuestas inmunitarias adaptativas1.

Eubiosis y disbiosis

Una microbiota intestinal estable y equilibrada se caracteriza por especies que tienen una relación de comensalismo y mutualismo con el hospedador, de modo que tanto el hospedador como los microorganismos obtienen beneficios de la relación. Esta situación se conoce como eubiosis. Cuando se pierde la homeostasis de la microbiota intestinal debido a cambios cualitativos y/o cuantitativos en la composición y funciones de la microbiota, se produce el llamado estado de disbiosis1,2.

La disbiosis de la microbiota intestinal se ha asociado a una lista amplia de enfermedades inflamatorias, autoinmunes, metabólicas y neoplásicas, y con algunos trastornos de la conducta, aunque no existe suficiente evidencia para determinar si la disbiosis precede a la enfermedad o si, por el contrario, es la propia enfermedad y su tratamiento lo que conduce a disbiosis1. Además, en los últimos años se ha puesto de relieve el papel bidireccional de la microbiota del tracto digestivo y del sistema nervioso central. Es el denominado eje intestino-cerebro, que se postula como una posible base patógena para numerosos trastornos neurológicos, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson o la esclerosis múltiple aunque quedan muchos aspectos por esclarecer3.

Cómo recuperar una microbiota normal

La evidencia acumulada sugiere que la dieta a largo plazo es el principal impulsor de la composición de la microbiota intestinal, por lo que los patrones habituales de alimentación, así como la incorporación de alimentos funcionales, pueden modular la microbiota intestinal y restaurar el estado de eubiosis cuando se haya alterado por algún factor determinado4.

Es el caso de los probióticos, que, después de ser consumidos, tienen la capacidad de colonizar y proliferar dentro del tracto gastrointestinal, lo que influye en el ecosistema intestinal4.

También pueden influir en la microbiota los prebióticos, sustratos que llegan al intestino grueso y provoca un efecto selectivo sobre el crecimiento microbiano para conferir un beneficio para la salud4.

Referencias:

  1. Álvarez J, Fernández Real JM, Guarner F, et al. Microbiota intestinal y salud. Gastroenterol Hepatol. 2021; S0210-5705(21)00058-3.
  2. Milani C, Duranti S, Bottacini F, et al. The First Microbial Colonizers of the Human Gut: Composition, Activities, and Health Implications of the Infant Gut Microbiota. Microbiol Mol Biol Rev. 2017; 81 (4): e00036-17.
  3. Gómez-Eguílaz M, Ramón-Trapero JL, Pérez-Martínez L, et al. El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones. Rev Neurol. 2019; 68:111-7.
  4. Leeming ER, Johnson AJ, Spector TD, et al. Effect of Diet on the Gut Microbiota: Rethinking Intervention Duration. 2019; 11: 2862.
  5. Kun Lee Y, Yi Low K, et al. Kiwifruit (Actinidia deliciosa) changes intestinal microbial profile. Microb Ecol Health Dis. 2012; 23(1):18572.
  6. Blatchford P, Bentley-Hewitt KL, Stoklosinski H, et al. In vitro characterisation of the fermentation profile and prebiotic capacity of gold-fleshed kiwifruit. Beneficial Microbes. 2015;6(6):829-839.
  7. Parkar SG, Rosendale D, Paturi G, et al. In vitro utilization of gold and green kiwifruit oligosaccharides by human gut microbial populations. Plant Foods for Human Nutrition. 2012;67(3):200-7.
  8. Paturi G, Butts CA, Bentley‐Hewitt KL, Ansell J. Influence of green and gold kiwifruit on indices of large bowel function in healthy rats. J Food Sci. 2014;79(8): H1611-H1620.
  9. Rosendale DI, Blatchford PA, Sims IM, et al. Characterizing kiwifruit carbohydrate utilization in vitro and its consequences for human faecal microbiota. J Proteome Res. 2012; 11(12):5863-75.
Zespri
Equipo científico de Zespri

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