Los cambios de estación pueden afectar a la salud digestiva, ya que influyen en el estilo de vida y, en particular, en la dieta. Precisamente la dieta es uno de los factores que más afecta a la composición de la microbiota, cuyo equilibrio es crucial para la salud y el bienestar.
Una microbiota intestinal equilibrada protege frente a la invasión por agentes patógenos, contribuye al desarrollo del sistema inmunitario y ayuda a digerir los componentes de la dieta y a proporcionar al organismo vitaminas y otros nutrientes esenciales1. También regula la función de barrera y del sistema inmunitario, por lo que un desequilibrio de la microbiota puede favorecer la aparición de trastornos inflamatorios y autoinmunes crónicos2. Además, influye en la permeabilidad intestinal, en la motilidad y en la sensibilidad visceral3.
La microbiota intestinal es compleja y dinámica, de modo que experimenta constantes modificaciones. La combinación única de especies que se encuentran en nuestro organismo cambia según lo que comemos, dónde vivimos, cuánto ejercicio hacemos, cuánto contacto tenemos con otras personas y con animales, e incluso cuánto tiempo pasamos en entornos interiores. Todos estos factores fluctúan estacionalmente, sobre todo en áreas con condiciones climáticas muy variables entre estaciones4,5.
Puesto que uno de los factores que más afecta la microbiota es la dieta, las modificaciones estacionales de la microbiota están directamente relacionadas con los alimentos que consumimos, y que elegimos, en parte, en función de las temperaturas de cada temporada y los productos típicos de cada estación4,5.
En este sentido, numerosas investigaciones han sugerido que la composición de la microbiota se va modificando a lo largo del año para adaptarse a los alimentos más propios de cada estación. Así, en verano, proliferan las bacterias que procesan las frutas y verduras frescas, mientras que en invierno predominan aquellas que digieren mejor los alimentos más pesados y almidonados y transforman las grasas6.
Estos cambios pueden afectar a la homeostasis de la microbiota, por lo que es importante mantener una dieta equilibrada, que incluya todos los nutrientes necesarios.
En general, durante los meses fríos, apetecen más alimentos calientes y consistentes, por lo que se tiende a comer menos ensaladas, verduras y fruta. Sin embargo, son fundamentales, ya que constituyen una fuente muy importante de vitaminas y fibra, desempeñando esta última un papel fundamental en todas las funciones del sistema digestivo. Por ello, es importante insistir en incluir en la dieta frutas y verduras en los meses fríos.
Una de las frutas más recomendables, por su adecuado contenido nutricional, es el kiwi. El kiwi tiene un alto contenido en agua, fibra, actinidina (proteína que ayuda a la digestión) y otros nutrientes como potasio, vitaminas E y K y folatos, además de ser muy rico en vitamina C. Se ha demostrado que los componentes del kiwi por su efecto prebiótico contribuyen al desarrollo de una microbiota intestinal equilibrada y favorecen la digestión y un buen tránsito intestinal, todo lo cual nos ayuda a cuidar la salud de nuestro aparato digestivo7,8.
Referencias:
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